Una mano lava la otra: tú quieres papeles, yo quiero disponibilidad absoluta

Cualquier manipulación, desde la más mínima hasta el chantaje, siempre tiene cabida, siempre cuela, si se trata de personas en desventaja y se dan las circunstancias propicias. Parece ser que las condiciones de una pyme no tienen por qué ser excepción. Cierto es que todos queremos algo y lo importante es saber hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguirlo. El empleado sin derecho a trabajar quiere poder currar sin restricciones y el empleador quiere tener mano de obra cuyos gastos se puedan cubrir fácilmente, con lo cual entre las dos posiciones puede haber algún punto de encuentro. Cuál sería depende de hasta dónde se quiere llegar.

Pues sí, a esto hemos llegado. Sí, ha pasado, y para mayor concreción, en este capítulo voy a dejar de explicar el porqué no —siendo bastante obvio—para centrarme en contar unas historias. Sí, estas historias son reales y creo que me gustaría contarlas aún más para dar a conocer que la explotación pura y dura —ya no encuentro otras palabras y he dejado de medirlas—no se limita en absoluto al trabajo jornalero en el campo ni a las condiciones obviamente pésimas de esos trabajadores, sino que existe probablemente en muchos otros sectores, siendo la educación no reglada uno de ellos.

Christine había llegado a España dentro del programa de los auxiliares de conversación de la Comunidad de Madrid: recibía lo equivalente a una beca —en España no está nada mal si compartes piso y quieres evocar las memorias de la vida estudiantil—para encargarse de las clases de inglés impartidas como nativa en un colegio bilingüe. Tenía unas 20 horas semanales en horario de mañana, con lo cual hizo lo que muchos de los demás auxiliares de conversación se plantearon: trabajar otras tantas horas semanales dando clases en academias privadas de inglés. A razón de hasta 15 euros la hora, se sacaba otro sueldo. Todo funcionó bien durante el periodo lectivo, pero cuando ya no pudo conseguir otro contrato de auxiliar de conversación —que venía con un visado de estudiante y el derecho a trabajar, eso sí, hasta 20 horas semanales, con lo cual las clases de las academias privadas las cobraba en negro—se planteó qué hacer. Quería quedarse en España y quería ser profe de inglés como lengua extranjera. El director de una de las academias en las que daba clase se echó para atrás después de haberle prometido que iba a empezar los trámites para pedir la autorización de trabajo para ella —en principio porque le costaba demasiado y tampoco podía emplearla legalmente, con contrato, mientras esperaba dicha autorización—.Así que, llegado septiembre, se vio delante de una oferta que no pudo rechazar, puesto que era la única. En la otra academia con la que colaboraba, el director le había propuesto emplearla a tiempo completo, con un sueldo tarifa plana —un poco más de mil euros para hasta 34 horas lectivas a la semana—. La letra pequeña decía que, si de vez en cuando había necesidad de más refuerzo, se podía llegar hasta 40 horas semanales, como una semana natural de trabajo, en el horario que surgiera entre 8 de la mañana y las 9 y media de la noche, en la academia o en Madrid, según la ubicación de las empresas que habían contratado la formación de idiomas de la academia —ya no con la promesa de autorización, sino con el compromiso firme de empezar los trámites—.

Lo perverso en todo esto era que, efectivamente, había empezado los trámites y al final le consiguió la autorización de trabajo sin restricciones. No obstante, las condiciones arriba mencionadas se concretaban cada equis tiempo con nuevas peticiones de esfuerzos, con nuevas clases y horas que no le daba tiempo preparar —porque claro, las horas lectivas eran igual que horas delante de un ordenador o en recepción, nada más que eso, horas de trabajo— y con el discurso de aquí todos trabajamos para el bien común y cada uno tiene que poner su granito de arena, ayer me quedé hasta las tantas de la mañana para tener listo tu expediente para la autorización de trabajo, te pido este esfuerzo para cubrir estas clases porque no tengo con quién darlas con tan poca antelación y sabes que estás contratada a tiempo completo y eres empleada fija en esta academia y ya sabes que no encajaste tan bien con los alumnos en esa empresa, pero tú sabes que contigo hasta la muerte, siempre te defenderemos y ahora sabes que hemos tenido que renunciar a esta cuenta, por esto te pido hacer este esfuerzo ahora, son solo unas horitas y ya llega el finde y podrás descansar, luego podremos hablar de recuperar estas horas con algunos días que te puedas coger, tal vez algún viernes cuando esto se calme un poco, ya sabes que en este sector hay que currar mucho los meses de otoño y primavera, luego llega el verano y nos vamos todos de vacaciones.

George tiene una historia similar y un recorrido parecido en la academia. Llegado de la misma forma a España, ya había pasado por una bastante mala racha antes: en su anterior trabajo, el jefe le pagaba un sueldo tarifa plana —unos setecientos euros—por estar disponible para ir a clase con hasta 2 horas de antelación y poder llegar con tiempo a cualquier lugar de Madrid y alrededores. Al principio parecía un negocio nada malo: podía llegar a dar 2 o 3 horas al día y cobraba igual. Incluso cuando empezó a cubrir un pelín más de horas, tampoco le pareció mal, puesto que recuperaba de cierta forma en los días más flojos. Pero claro, cuando el jefe le dijo que, efectivamente, podría llegar a no haber límites en las horas al día —pero claro que vas a poder tener descansos, hombre, como mínimo, para poder llegar de un sitio a otro—, George empezó a buscarse otras opciones. Llega a la academia un verano, cuando había que cubrir una quincena de un intensivo de verano y la oferta era de 15 euros la hora. El director se entera de la necesidad del chico por un trabajo fijo y le promete lo mismo una vez llegado el otoño. Para él, la oferta es personalizada: el director quiere impresionar a un amigo que trabaja en una auditoría y que le había prometido concederle la cuenta gorda de formación en idiomas con horas fijas, sin cancelaciones y pagos al mes:es una empresa muy importante, si lo conseguimos, tienes trabajo asegurado durante todo el año, al menos 15 horas semanales, pero claro, te estoy siendo sincero, la cosa es que la empresa está fuera de Madrid y es cierto, de puerta a puerta sería un poco más de una hora y media de ida y un poco más de una hora y media de vuelta para dar 2 horas de clase, pero sería muy importante si consiguiéramos la cuenta y, además, justo ayer estuve al teléfono más de una hora con mi contacto de la Seguridad Social y ¿sabes?, es que es un poco problemático darte más clases en bloque en la academia ahora mismo, puesto que no puedo hacerte contrato todavía si se prorroga un poco lo de tus papeles, pero no te preocupes que estamos bien encaminados y hasta entonces te voy a tener que pedir este esfuerzo, desde la academia también invertimos mucho y, sobre todo, mucha confianza en ti.En breve vas a ser fijo aquí y no tendrás que preocuparte por conseguir clases y tener estabilidad.

Dicho esto, voy a cumplir con lo comprometido y no voy a comentar nada más de estas historias. Aun así, no puedo dejar de pensar que cualquier manipulación, desde la más mínima hasta el chantaje, siempre tiene cabida, siempre cuela, si se trata de personas en desventaja y se dan las circunstancias propicias —parece ser que las condiciones de una pyme no tienen por qué ser excepción. Como seguro que lo dijo y lo pensó alguien mucho más importante antes que yo, cierto es que todos queremos algo y lo importante es saber hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguirlo. El empleado sin derecho a trabajar quiere poder currar sin restricciones y el empleador quiere tener mano de obra cuyos gastos se puedan cubrir fácilmente, con lo cual entre las dos posiciones puede haber algún punto de encuentro. Cuál sería depende de hasta dónde se quiere llegar.

Author: Ruxandra Constantinescu

My every now and then jottings run on this blog in English, Spanish, and Romanian, as a tribute to all cultures I currently find myself at the crossroads of. I was born and raised in Bucharest, but I had been traveling in my mind every since I could read. Eventually, I started doing it for real as soon as I could, so I got to study, work, live, and travel in Romania, Germany, France, and Spain. Take your pick of posts on books, travels, places, people, current social and emotional issues. International politics or current affairs are no stretch, as neither are movies, series, journalism and communication, nor teaching EFL.

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