Hablar español tan bien como un rumano

Nadie es capaz —escribe la autora, al tratar de identificar los orígenes de un personaje histórico con raíces judías de la región de Besarabia—, de aprender español tan deprisa ni tan bien como un rumano. Esto ya llegaba más allá de la «extraordinaria facilidad para los idiomas en general y para el español en particular» que llevaba escuchando —cierto es— sin mucha convicción desde que llegué a España. Esto era mucho más concreto, por la exclusión misma: de todas las personas que se han puesto con el español en el mundo, nadie es capaz de hacerlo tan bien ni tan rápidamente como un rumano.

Llevo ya más de una década en España y desde aquel 2 de noviembre cuando aterricé en Barajas no he dejado de escuchar lo deprisa y sobre todo lo bien que los rumanos aprendemos el español, mientras que muchas de las primeras conversaciones con amigos y conocidos hayan empezado con guiño a la facilidad que supuestamente tenemos para los idiomas en general. Acababa de cerrar un trabajo sobre la identidad cultural y las razones de la existencia de la comunidad rumana de España, entre las cuales siempre se indica la cercanía entre los idiomas, y al leer las notas de una novela de Almudena Grandes, incluida en la serie de sus episodios de una guerra interminable, en la tradición de los episodios nacionales de Benito Pérez Galdós, doy con unas líneas que me hicieron reflexionar. Nadie es capaz —escribe la autora, al tratar de identificar los orígenes de un personaje histórico con raíces judías de la región de Besarabia—, de aprender español tan deprisa ni tan bien como un rumano.

Esto ya llegaba más allá de la «extraordinaria facilidad para los idiomas en general y para el español en particular» que llevaba escuchando —cierto es— sin mucha convicción desde que llegué a España. Esto era mucho más concreto, por la exclusión misma: de todas las personas que se han puesto con el español en el mundo, nadie es capaz de hacerlo tan bien ni tan rápidamente como un rumano. Me pregunto, por supuesto, si esto es sólo el fruto de una percepción, tal vez vinculada con la supuesta dificultad que tienen los españoles en aprender otros idiomas, o más bien el resultado de una observación empírica. Digo esto porque hasta ahora, siempre que se me loaba la capacidad de los rumanos de aprender idiomas, solía venir con explicaciones que a mi juicio parecían no solamente sensatas, pero también obvias: el rumano es un idioma minoritario, y para poder comunicarse en este mundo globalizado, para los rumanos es imprescindible aprender idiomas. Además, cierto es también que a los idiomas se les suele dar bastante más importancia en la educación pública y dentro del sistema de enseñanza de Rumanía —pero de vuelta debido a que, sin un segundo idioma, el rumano que sale al mundo no tiene opción para comunicar. En fin, si a todo esto se le junta la realidad de los medios, en concreto las películas que siempre tuvimos en versión original y con subtítulos —el doblaje siendo inexistente en Rumanía— tal vez se podría llegar a la conclusión de que, gracias a estas variables, los rumanos estarían más abiertos a mecanismos y estrategias para aprender con más facilidad otros idiomas.

¿Pero los mejores a ello? Y concretamente, ¿los mejores al aprender bien y rápidamente el español? A falta de estudios investigativos concretos —que empezaré a pensar, ahora que me ha entrado el gusanillo— y comparativos entre distintos idiomas y distintos aprendices con variables temporales y de calidad del aprendizaje, creo que de momento valdría centrarse en qué es aprender rápidamente y sobre todo qué significa hablar bien el español —y, de hecho, cualquier idioma.

Creo que podré conceder lo de la rapidez: entre la cercanía y la semejanza entre los idiomas —rumano y español— y la apertura y francamente el buen oído de muchos hablantes de idiomas minoritarios y provenientes de culturas siempre abiertas hacia el multilingüismo, acepto que se pueden explicar los numerosos casos en los que los rumanos apenas llegan a España, sin ningún conocimiento previo, y empiezan a hablar español. Claro, se les pueden añadir circunstancias de las más variadas, desde la emisión de muchas telenovelas en la televisión rumana y el éxito de las canciones y cantantes latinos en las radios de Rumanía, pasando por los numerosos vínculos económicos y comerciales y la necesidad de los emigrantes que vienen a España de encontrar trabajo y al final, construirse una vida mejor, y hasta la realidad del español, que es el segundo idioma más hablado en el mundo, por número de hablantes tanto nativos como no nativos.

No obstante, creo que muchas veces se confunde, en la percepción de los españoles, la rapidez con la que los rumanos llegan a hablar —como sea— el español, con la calidad del habla entre los rumanos. Honestamente, llegar a hablar cualquier idioma para tener una conversación o poder comunicarse en un entorno multilingüe (que sea un viaje por Europa o incluso una multinacional como lugar de trabajo) suele ser más o menos fácil, pero cualquier idioma es difícil de aprender y dominar, hablar y escribir de manera natural y correcta. Creo también que los españoles, en su apertura y alegría de escuchar su idioma hablado por extranjeros, suelen valorar mucho más de lo que se debería los modismos madrileños —por ejemplo— en la boca de un rumano.

Asumo esta posición desde la experiencia personal con el español, la profesional como profesora de inglés y de rumano, pero también como conclusión de muchas y pequeñas observaciones —las que caben en los 12 años que llevo en España. Ningún idioma es fácil aprender bien. Ningún idioma es fácil dominar, porque esto significa mucho más que tener un vocabulario, por muy amplio que sea, y saber toda la gramática, por muy bien que se conozca. Y honestamente, no creo que un rumano aprenda mejor el español que un ruso, o que un rumano llegue a hablar más rápidamente el inglés que un español. Claro, más allá del talento que sé que se da en aprender y hablar idiomas, veo cualquier idioma como algo fluido y constante, cuyo aprendizaje nunca acaba, que siempre, siempre se puede mejorar y, sobre todo, no es medible. ¿Qué significa aprender rápidamente un idioma? ¿Un mes, cinco, un año? ¿Y qué significa aprender bien un idioma? ¿Hablarlo correctamente, de manera fluida, escribirlo perfectamente, conocer todos los modismos y sus significados, los matices, el acento, lo que se habla en la calle?

Ningún idioma es fácil dominar, porque el proceso no acaba nunca. Más allá de los certificados y los niveles, para mí, la prueba definitiva del dominio de un idioma es, por un lado, poder explicar una expresión, un dicho, una palabra siquiera, sin conocerla, sólo del contexto y por otro, poder crear palabras nuevas, cambiando funciones morfológicas, por ejemplo, pero manteniendo la correctitud semántica impuesta por las estructuras del idioma. Si el hablante tiene los recursos lingüísticos, los conocimientos suficientes y la habilidad mental para poder hacerlo, esto significa que ese segundo idioma ya es tan natural como pensar, dormir o soñar —y ya no hay límites para su mejora.

Quizá al elogiar tan incondicionalmente las habilidades idiomáticas de los rumanos, la escritora que citaba al principio —y muchos otros españoles, de hecho—, querían poner de manifiesto justo esto, la apertura de los rumanos al mejorar siempre, la necesidad de hablar el español hoy mejor que ayer, el deseo de superación que creo que impone haber elegido vivir en una cultura diferente, cuyo idioma es tan rico y tan cercano. Ojalá llegase a crear e introducir en español un dicho que sea habla español tan bien, que parece rumano.

Author: Ruxandra Constantinescu

My every now and then jottings run on this blog in English, Spanish, and Romanian, as a tribute to all cultures I currently find myself at the crossroads of. I was born and raised in Bucharest, but I had been traveling in my mind every since I could read. Eventually, I started doing it for real as soon as I could, so I got to study, work, live, and travel in Romania, Germany, France, and Spain. Take your pick of posts on books, travels, places, people, current social and emotional issues. International politics or current affairs are no stretch, as neither are movies, series, journalism and communication, nor teaching EFL.

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