Vivir en Vietnam

Una tormenta de sentidos al cambiar de continente

vivir-en-vietnam-tormenta-de-sentidos

Te sumerges en una tormenta de emociones cuando cometes un cambio de envergadura continental —literalmente, al cambiar de continente. Vivir en Vietnam no es solo un traslado geográfico: es una sacudida profunda de los sentidos. La amalgama de emociones no surge de comparaciones conscientes, sino de la irrupción constante de estímulos nuevos: miradas y vistas desconocidas, olores intensos, sabores inesperados, tactos y sonidos que nunca antes habían formado parte de tu día a día.

Podría achacarlo a las diferencias culturales o a las comparaciones involuntarias que a veces hacemos entre “antes” y “ahora”, entre “allí” y “aquí”. Pero no. Se trata de percepciones completamente nuevas, en todos los sentidos y con todos los sentidos. Una experiencia que define muy bien lo que supone mudarse a Vietnam por primera vez.

Llevé experimentando estos aires nuevos desde que llegué a Vietnam un fin de julio. Los llamo nuevos porque, sencillamente, nunca había percibido algo parecido.


El clima del sur de Vietnam y la vida bajo el sol

Luz constante, calor eterno y sombra necesaria

En el sur del país, el verano es eterno. Hay luz desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, todos los días del año, con una intensidad casi invariable. Con la luz llega el calor, que crece sensiblemente desde la madrugada hasta la puesta del sol. Aunque hace viento con frecuencia —incluso cuando que la estación lluviosa empieza a apagarse—, el cuerpo aprende pronto a buscar la sombra bajo el verde intenso de los árboles que sobreviven en la ciudad.

El sol acecha a cada paso y no es amigo de nadie. Lo sabes al observar cómo los lugareños se cubren de pies a cabeza cuando se suben a sus motos, una imagen cotidiana para cualquiera que empiece a vivir en Saigón.


Olores, sabores y el aire de Saigón

Este aire soleado, iluminado y caluroso del sur lleva consigo un aroma muy particular. Huele a café recién hecho a cualquier hora del día, al picante de las especias que penetran hasta el fondo de la nariz. Huele también a calor acumulado entre edificios, a tráfico constante, a prisas, a aire acondicionado escapando de cafeterías, tiendas y centros comerciales.

Es un aire denso, cargado de vida urbana, que define la experiencia sensorial diaria de Ho Chi Minh City.


El caos visual de las calles vietnamitas

Las vistas sobrecargan los sentidos desde el primer momento. Mis ojos —y mi equilibrio— se vieron incapaces de ubicarse al principio: no reconocer calles ni cruces, no saber hacia dónde mirar para cruzar, qué semáforo seguir, qué sentido del tráfico observar. Supongo que algo parecido a lo que sentiría un Superman recién llegado a la Tierra: todo es más agudo, más intenso, casi lacerante.

Las calles de Saigón son un torbellino visual. Edificios altos y eclécticos se mezclan con tiendas modestas de letreros grandes y desordenados. Una misma calle puede contener toda Asia en unos pocos metros: el taller de motos junto a la cafetería tradicional de una anciana que vive en el primer piso, seguido de una avenida que podría competir con una parisina, repleta de pastelerías modernas, terrazas elegantes y mesas cuidadosamente dispuestas mirando a la calle.

Hay una armonía oculta que aún no se revela del todo al recién llegado, pero que intuyes constantemente.


Caminar en Saigón: una ciudad hecha para motos

No obstante, caminar por las calles de Saigón no es para soñadores. Al menos, no por las aceras. Lejos de ser refugios peatonales, suelen estar invadidas por motos aparcadas o, directamente, por motos en circulación que buscan esquivar el atasco o ganar unos segundos antes del siguiente semáforo.

Más de una vez me he encontrado avanzando entre motos estacionadas mientras otras pasan a menos de una decena de centímetros de mí. En este contexto, la mente aprende rápido que no puede divagar. Vivir en Vietnam como occidental implica entrenar la atención constante: cualquier espacio aparentemente peatonal puede transformarse en una vía improvisada para motoristas.


Distancias, tráfico y ritmo urbano en Ho Chi Minh City

La ciudad no está hecha para andar. Las calles y avenidas de Ho Chi Minh City —y mucho menos las carreteras— pertenecen a quienes han nacido sobre dos ruedas. Lo ves en cómo los estudiantes de secundaria se incorporan sin miramientos al tráfico en bicicleta, en cómo los que ya tienen carné llegan al instituto en moto, en cómo cualquier vietnamita se desliza entre coches y autobuses con una precisión que mi mirada no entrenada apenas puede procesar.

Las distancias dentro de la ciudad son inmensas. Si solo te separan cuatro o cinco kilómetros de tu lugar de trabajo, considérate afortunado. En moto, y sin apenas tráfico, a las seis o siete de la mañana, ese trayecto puede reducirse a menos de diez minutos. Las carreteras de seis carriles que atraviesan la ciudad y las avenidas interminables con números que superan los dos mil no son una rareza: son una necesidad para la vida diaria en Vietnam.


Vivir sin rutina: cuando los sentidos no descansan

La intensidad emocional y la riqueza sensorial no dejan espacio para que se asiente la rutina. El día a día —trabajo, tiempo libre, fines de semana, festivos— no termina de adquirir una forma estable. Cada noche me descubría intentando reconstruir mentalmente todo lo ocurrido durante el día, como un impulso involuntario del subconsciente.

Me digo que basta con hacer algún apunte de vez en cuando, pero los oasis de tranquilidad son escasos y difíciles de alcanzar: una cafetería al otro lado de la calle a la que solo se puede llegar cruzando varios cientos de metros más allá; una librería silenciosa con aire acondicionado, cuya acera está bloqueada por una decena de motos; un parque intensamente verde o una avenida peatonal a los que, una vez más, rara vez se llega sin rodeos, sin preguntar, sin consultar a Google por el trayecto menos caótico.

Así es vivir en Vietnam: una experiencia que no permite distraerse, pero que tampoco deja indiferente a ninguno de los sentidos.

Leave a comment

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

About Me

If you are drawn to travel, culture, books, and good food, you are in the right place.

I’m Ruxandra, a writer with a constant itch for exploring the world—both through my words and my travels. When I am not looking for inspiration for the next tale to tell, you may as well find me at any given coffee shop, writing and sharing my exploits.

This blog is a reflection of my two great passions: writing and travelling. You’ll find my posts available in Romanian, Spanish, and English, as I believe stories are meant to cross borders and languages.

It all began as a way to document places I visited and the books I read, but it became a space to explore how culture, ritual, and everyday beauty shape the way we live — at home and abroad. Let’s explore the world and its stories together!

Recent Articles