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Lo que es un idioma

Dos cosas ocurrieron recientemente, que hicieron darme cuenta de lo afortunada que soy: esta vez, por hablar idiomas. Por un lado, he leído un artículo que un profesor de un colegio religioso de Alemania publicó hace años, y que se constituyó en todo un maravilloso alegato a favor de la enseñanza del rumano y en contra de la del castellano en las escuelas secundarias de su país. Por otro lado, son ya varias las veces que mis alumnos de la academia privada donde doy clases de inglés y francés me preguntan con admiración y envidia cuándo he aprendido los idiomas que hablo.

Recuerdo con una sonrisa como hace más de diez años, viviendo yo una de las estancias más felices de mi vida en Alemania, con una beca Erasmus, mis amigos y compañeros de la residencia de estudiantes consideraban que hablaba ya cinco idiomas, contando también el rumano, mi lengua materna. Yo me reía en aquel entonces y no entendía cómo podía contarse el rumano también, ya que todos tenemos que tener un idoma materno. Pues claro, cuando a tu idioma materno lo hablan decenas de milliones de personas en el mundo – como es el caso del inglés, del frances, del castellano e incluso del alemán – dominar también a un otro como el rumano, y además a nivel nativo, como lengua materna, puede resultar un provecho en sí. La primera vez que me dí cuenta de lo afortunada que soy fue hace ya tiempo, al pensar en cómo he aprendido estos idiomas y al ver la sorpresa que les estoy causando a veces a mis amigos de otras nacionalidades, que tienen como idioma materno una lengua que traspasa estas nacionalidades y sus fronteras.

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La fascinación de las novelas absolutas

¿Cuándo ocurre el hechizo? ¿Cuál es el momento en el que aparece la fascinación a la lectura en un determinado idioma? ¿Cómo te das cuenta de que un libro, un autor, una historia y un habla te han embrujado? Pues cuando no te lo puedes explicar, en el instante en el que no sabes ni por qué ni cómo, pero quieres más y de repente el libro ya lo acabaste. En su soledad tan acariciada, el lector se queda con el recuerdo de una historia de ensueño y un libro de más para añadir a su lista de los inagotables. Mis libros inagotables son unos cuantos: son los que después de haberme hadado, los he vuelto a leer varias veces, con tiempo considerable de por medio. Son los que he llegado a considerar las novelas totales, globales, absolutas – inagotables.

Los terminos pertenecen a la caracterización que le hizo un conocido académico rumano, Eugen Simion, a la última novela del escritor rumano Marin Preda, “El más amado de los mortales”/Cel mai iubit dintre pământeni/. El crítico y académico veía en la abrumadora y apabullante novela, en la fuerza de la escritura del autor y en la ternura y el poder y los principios morales del protagonista una novela total, porque llevaba varios niveles, varios temas y muchos personajes. Por tanto, era una novela política por la época que abarcaba, una novela de amor cuyo protagonista cree con fuerza que sin amor no hay nada (emulación de la carta de San Pablo a los corintios, en la que mantenía que “si /…/ no tengo amor, nada soy”), una novela sobre un moralista clásico de la raza de Albert Camus, una novela de costumbres y del mundo de los intelectuales de la época y también una novela sobre el universo rumano dentro del régimen totalitario.

Antes de leer esta caracterización tenía ya un ahílo de tres novelas que había leido y vuelto a leer varias veces, a lo largo de los años, como iba creciendo y madurando yo misma, descubriedo cada vez una nueva parte de encanto, un nuevo párrafo que me abría puertas hacía otros mundos tan alejados, una nueva mirada, un nuevo sentido, prácticamente una otra incitante historia que vivía por dentro tan sólo leyendo, exactamente como Bastian en su Historia interminable. A estas novelas no sabía yo como concretar o contextualizar, como definir, hasta que la crítica del académico rumano logró explicármelo tan bien. Las novelas, no desprovistas de sus propias desafiantes historias creadoras, eran “Lo que el viento se llevó” de Margaret Mitchell, “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez y “Cel mai iubit dintre pământeni” (que desafortunadamente las editoriales españolas todavía no estiman merecedora de una traducción al castellano). Las tres me habían hechizado desde la primera lectura, las tres seguían haciéndolo y las tres corresponden al grano a la caracterización del académico rumano.

He leido muchas bellas letras y en varios idiomas, traducciones y textos originales indistintamente y llevaba ya años y años sin añandir ninguna otra novela a mi lista exigente y exclusivista. Hasta que vine a España para llegar a descubrir Continue reading