Cuando el periodismo se convierte en historiografía

[…] un poco de nostalgia hacia una profesión que elegí dejar atrás por la convicción que, en esta época de las redes sociales y la transmisión del mensaje instantáneo en menos de 140 caracteres, el periodismo solo tenía dos opciones: morir delante de los influencers veinteañeros que no saben lo que es un teclado que no sea touch y no necesitan fuentes para postular y comunicar hechos y verdades, o transformarse en pieza y disciplina de museo, para la consulta e investigación de las generaciones futuras que querrán saber qué es, junto con las disquetes y los DVD.

Siempre me ha fascinado la historia; de pequeña, leía historia de cualquier época, de cualquier país o región. Para mí – como seguro que para cualquier aficionado – la historia no era otra cosa que un cuento de más y la distinción entre ficción y realidad no era un aspecto relevante. Leía historia para enterarme de cómo vivía la gente de una época, qué tenían y qué les faltaba a las personas, qué pensaban y qué deseaban, cuáles eran los acontecimientos por los que pasaban, qué sentían, cómo se lo llevaban. Estos hombres y mujeres eran personajes – históricos, sí – en la historia de turno que leía y, como llegué a enterarme más tarde, sus historias, sus vidas, sus acontecimientos no tenían absolutamente nada menos interesante que cualquier novela u obra ficticia. Más tarde, aprendí que las historias mismas de las novelas se inspiran a menudo de la vida real – no es por nada que en castellano la palabra es la misma, tanto para el cuento como para la disciplina.

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This Question of Colours

Then I thought that logically speaking, racism – or any other -ism – is not defined by words as semantic categories (parts of speech), but by their use and the significance it is given to them. So, in order to get rid of this nonsensical headache, maybe we should try to not put the cart before the horses: you fight racism with information, education, explanations, communication. Basically, by using your words – not by eliminating them.

So, L´Oréal decided to remove words like white, light and fair from its products – all in the aftermath of global anti-racist protests all over the world.

My very first reaction was on the fun side and I eventually read it on some Facebook post: then they should also remove words like bronze, tan, brown, dark, coloured – because that would be appropriation. Just to be on the very safe side and make sure we are all politically correct.

Then I thought that logically speaking, racism – or any other -ism – is not defined by words as semantic categories (parts of speech), but by their use and the significance it is given to them. So, in order to get rid of this nonsensical headache, maybe we should try to not put the cart before the horses:  you fight racism with information, education, explanations, communication. Basically, by using your words – not by eliminating them. Language shouldn´t have to adapt to the speech; it´s the complete other way around.

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